El Vuelo del Pitijopo
Mi historia
Me llamo Marina del Río, pinto y escribo desde Sanlúcar de Barrameda, donde el río se despide del mundo y la marisma amanece de color rosa. Esta es la historia que hay detrás de cada cuadro y cada palabra.
De dónde vengo
Crecí a un paso de las salinas, entre el olor a barro y a sal. De niña pasaba las tardes mirando cómo la luz cambiaba de humor sobre el agua: dorada al amanecer, blanca al mediodía, malva justo antes de que se encendieran las farolas. Aprendí a mirar antes que a hablar, y creo que sigo haciéndolo así.
No hubo un día concreto en que decidiera ser pintora. Fue más bien que nunca dejé de dibujar: los márgenes de los cuadernos del colegio, las servilletas de los bares, la libreta que siempre llevo en el bolsillo. La marisma me enseñó que lo importante no es lo que se ve, sino la luz con que se ve.
El agua se pinta con agua, y la calma se pinta con calma. No he encontrado atajos.
Cómo pinto
Trabajo sobre todo al óleo, despacio, dejando que cada capa se seque y me cuente qué necesita la siguiente. También me escapo con la acuarela cuando llueve, porque hay días que piden agua y prisa. Salgo con el caballete a cuestas siempre que puedo: el estudio está bien para terminar, pero los cuadros empiezan fuera, con los pies en el barro.
Casi todo lo que pinto nace de un paseo: la barca que cruza a Doñana, los pinos piñoneros, un flamenco impertinente, la plaza con los toldos recogidos después de un chubasco. Guardo esas notas de color como quien guarda cartas, y de ahí salen, meses después, los cuadros.
Por qué comparto el vuelo
El pitijopo es como llamamos aquí a la libélula: un bicho pequeño y tozudo que vuela sobre el agua sin hacer ruido. Me pareció el nombre justo para este rincón, porque es lo que intento hacer con lo que pinto y escribo: posarme un momento sobre las cosas y volver a levantar el vuelo.
Aquí voy dejando el cuaderno de notas del estudio, los vídeos del proceso y, cuando alguna obra encuentra las palabras justas, también su historia. No tengo prisa por venderte nada; me basta con que te quedes un rato, mires despacio y, si te apetece, me acompañes en el vuelo.
Sigue el vuelo
Si te ha gustado asomarte, en el cuaderno y en el canal cuento el resto: cómo nace cada cuadro, dónde encuentro la luz y qué me llevo de cada paseo.